¿Te estás comiendo tus sentimientos?

Contar calorías, medir porciones, cuantificar pasos… cuando hablamos de bajar de peso, queremos que nuestros esfuerzos se sientan tangibles. Pero existe un aspecto muy importante en la pérdida de peso que muchos tienden a ignorar: el juego mental.

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Una encuesta americana hecha en Orlando le preguntó a 1,005 personas cuáles creían que eran los obstáculos más difíciles de enfrentar para bajar de peso. Después de recopilar la información, los autores del estudio descubrieron que el 31% de los participantes dijeron que el ejercicio era lo más difícil, 36% expresaron que era la dieta y el 17% que los problemas financieros eran el verdadero obstáculo. En todo el estudio, sólo el 10% de los participantes creyeron que el estado mental de las personas era la barrera crucial para enfrentar este problema.

Y auque esta sea sólo una encuesta, es aparente que muchos de nosotros estamos convencidos que sólo se puede bajar de peso haciendo dieta y ejercicio. Tendemos a pensar que nuestro cuerpo y mente están completamente separados, pero la verdad es que están entrelazados.

Todos, absolutamente TODOS somos comedores emocionales… y es completamente normal y saludable. Celebramos nuestras fiestas y los cumpleaños con comida y nos reunimos con amigos y familiares en una comida familiar o para tomar un cafecito.

Aunque la comida nos haga sentir amados y cómodos, tristemente los efectos son sólo temporales. Es por eso que siempre regresamos por más y más y más y más. Además, sin importar que tan estricta seas con el reloj y el gimnasio, tu necesidad emocional por comida siempre se interpondrá en tus metas alimenticias.

Y mientras que todo esto sea súper frustrante, hacer una pausa en la vida para checar cómo te sientes física y emocionalmente podría hacer una gran diferencia en lo que comerás en unos minutos.

  • Pregúntate: ¿tengo hambre? La próxima vez que te encuentres enfrente del refri, da un paso atrás y pregúntate si verdaderamente tienes hambre. Si sí lo tienes, come algo, si no pregúntate: “¿por qué quiero comer algo entonces?” Quizá estés estresada del trabajo o simplemente andes aburrida, cual sea el caso no estás comiendo por necesidad.
  • Cero restricciones: Una de las causas más poderosas de la alimentación emocional son las restricciones y la privación. Cuando te pones límites para bajar de peso, te obsesionarás con ellos y terminarás comiéndotelos. E incluso la voluntad tiene sus límites. Darte el permiso de comer lo que te encanta te ayudará a no comer de más cuando lo tengas a tu alcance.
  • Ten un diario: Registrar lo que comes y cómo te sientes después de comerlo te ayudará a reconocer las emociones y sentimientos asociados con ciertos antojos. Una vez que notes que siempre buscas algo dulce cuando estás estresada, podrás buscarle una solución o anticipar tus antojos.
  • Busca un profesional: Si esas comidas emocionales empiezan a seriamente afectar tu vida o batallas constantemente con los antojos, además de un nutriólogo, sería necesario consultar el problema con un psicólogo.

Foto: Archivo Eme de Mujer

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